Continuación artículo «Rarezas y recursos: Tolkien en la música española» de José Pardo «Pardagast» y Alejandro Jarne «Gorthaur», con la colaboración de la Comisión de Música y Bailes, publicado en la Revista Estel 89
El género rock metal quizá haya sido el más utilizado para ambientar la obra de Tolkien, podemos encontrar discos enteros, incluso grupos consagrados con un estilo musical totalmente inspirado en la obra del Profesor. Existen dos grandes tipos de influencia:
Por un lado, las bandas más «oscuras», principalmente las que secundan subestilos como el black, thrash, doom, groove, dark y death metal, que suelen estar influidos por los tópicos literarios de Mordor, Sauron, Angmar, orcos, Nazgûls y temáticas en general de los enemigos de los Pueblos Libres.
Por otro, existen grupos con temáticas más alegres y épicas, propensas a las aventuras y desventuras desde un ideal romántico e idealizado.

Un conjunto sobresale en este género, y es Saurom Lamderth (aunque actualmente son Saurom a secas). Este grupo gaditano se gestó en 1996, ya en sus primeras maquetas se apreciaba su gusto por lo fantástico y la Tierra Media con temas como Tom Bombadil, La Taberna del Poney (de su demo Legado de juglares) o, una de las maquetas fundacionales, Regreso a las Tierras Medias. Tras varios cambios en el grupo, en 2002 editan el álbum doble tolkieniano por antonomasia: Sombras del Este, basado en La Comunidad del Anillo y con la colaboración de la STE y de un montón de artistas invitados. Las canciones siguen el hilo argumental de la historia, conformando un álbum conceptual.
Su música es definida por ellos mismos como juglar metal, con toques celtas y folklóricos, con flautas y gaitas festivas cuando la música así lo requiere («El cumpleaños de Bilbo» o «Tom Bombadil») y con guitarras, teclados y voces siniestras en otras ocasiones («Los Jinetes Negros» o «El Paso de Caradhras»). Si hay que destacar un tema, sería el de quince minutos de «El Concilio de Elrond», con impresionantes violines, guitarras y épicos coros, donde la traición de Saruman es palpable en la música.
Merece la pena recrearse también en los riffs de «Las Minas de Moria» o en «La disolución de la Compañía», sorprendente adaptación de Over the hills and far away de Gary Moore.
Para terminar con el folk metal, cabe nombrar a Juan Garrido, aka «John McAllister», uno de los fundadores de Saurom Lamderth.
En su carrera en solitario se encuentran temas como Tom Bombadil (2012) o Como un hobbit.
La banda gaditana Avathar, posteriormente renombrada Aracner (por similitudes de nombre y problemas legales con el grupo Avatar de Madrid), autoeditó un demo-CD en 2001 llamado Reino de la Oscuridad. Dicha maqueta contenía un tema, con el mismo título, inspirado en la obra de Tolkien y con un estilo muy parecido al de otros grupos extranjeros, como Rhapsody of Fire, que también se inspiraban en el Profesor; con dos guitarras vertiginosas, riffs muy bien complementados entre sí, altibajos en las canciones, cambios de ritmos y voces agudas.
Otro grupo, Khan, publicó su disco Barbarian Warriors en 2011. Los temas eran en inglés, pese a residir en Madrid, y estuvieron activos entre 2008 y 2012. El tema «Pelennor» presenta unos bajos muy potentes y melódicos que destacan sobre el resto de la música y que son característicos de esta formación.
También cabría mencionar al grupo Lándevir y su disco Leyendas Medievales, que le dio cierta fama en el año 2003 y que incluía una canción llamada «Moria». Lándevir se formó en 1998 en Elda, Alicante, y en el año 2000 se renombraría como Rivendell; ya con esta denominación sacarían una demo titulada El Único. El estilo musical con el que se han definido es de heavy metal melódico con influencias celtas y medievales, aunque otras fuentes lo han categorizado sencillamente como folk metal.
Para terminar con el heavy metal hay que mencionar a la banda Land of Mordor, procedente de Orihuela (también Alicante). En 2003 autoeditaron su trabajo The Awakening, con temas inspirados en El Señor de los Anillos como «Nurnen», «King´s Return» o «Lothlorien». Ellos mismos se definen como «un grupo híbrido entre death y black, con un aire realmente épico y sinfónico con gran cantidad de arreglos, variedad vocal y excelentes solos de guitarra»(5).
Quizá el power metal sea el estilo musical con más influencias tolkienianas en sus portadas, canciones y discos. En la esfera internacional existen grupos consolidados y conocidos con temas sobre la Tierra Media, y en castellano también hay una nutrida representación como veremos a continuación.
El power metal es un subgénero del heavy metal que combina elementos tradicionales y neoclásicos, que se caracteriza por la velocidad, los arreglos melódicos y la técnica instrumental. Las bandas de power metal tienen generalmente canciones que parecen himnos, con melodía y fuertes coros épicos que consiguen crear un sonido teatral, dramático y más apelativo emocionalmente (4).
Power metal sinfónico se puede escuchar en la obra del madrileño Víctor de Andrés, de la banda Zenobia, que en 2014 lanzó una canción titulada «The metal ring» en su disco Gloria y fortuna. Es un cover en versión metal de Concerning hobbits del compositor Howard Shore, de hecho el disco entero se compone de versiones de bandas sonoras de películas. Dagorlath es un grupo de Elche (¡de nuevo Alicante!) que en 2010 graba su primer disco, titulado Génesis, con canciones como «La Caída de Númenor». Su tercer disco, Última Alianza, tiene también temas interesantes como «Narya» o «Mithrandir»; de hecho, la mayoría del disco tiene influencias tolkienianas. Los temas están bien ejecutados, con un fondo argumental sencillo y uniforme, que conservan una línea parecida al de otras bandas similares, con un sonido de guitarras, teclados o batería que resulta rápido, melódico y preciso.
La banda de power metal sinfónico Dark Moor es una de las bandas españolas con más proyección internacional, gracias entre otras cosas a sus letras en inglés. Surgen en este caso en el Madrid de los 90 y, si hay que destacar algún tema, sería «Starsmaker (Elbereth)» de su disco The Gates of Oblivion de 2002.
Otro grupo, Dünedain, es un proyecto musical liderado por Tony Delgado que combina el heavy tradicional y el power metal melódico, además de otras formas de mestizaje. Provienen de Ávila. Aparte del nombre, tienen en su repertorio varios temas inspirados en Tolkien como Retorno a Gondor, Dünedain u Oesternesse.
Entre los grupos ya extintos podemos citar a Lorien, que nos dejó dos discos oficiales de larga duración: Secrets of the Elder (2002) y From the Forest to the Havens (2005), con títulos como «The Voice Of Saruman» o «Light of Valinor». Otra banda, Red Wine, se definía como heavy metal con influencias de power, progressive y epic metal; procedían de Logroño y compusieron temas como «En Isengard» (del disco Hijos del despertar) o «Vencer o Morir» (de El fin de los tiempos). Rivendel Lords fue una banda asturiana de power metal melódico con temas como «Rivendel» (en Alma Negra) o «Mordor» (en Senda del Destino), además de heredar muchísima influencia tolkieniana tanto en portadas y carátulas como, de nuevo, en el propio nombre de la banda.
Esta discutible categoría es en realidad la excusa perfecta para destacar a un grupo peculiar. Nos referimos a El Reno Renardo, conocidos por su aclamada canción Camino Moria (versión de Camino Soria de Gabinete Caligari) de 2006, publicada en su disco homónimo. Más tarde, en 2008, regresarían con El Reino de la Cagalera de Bisbal y la canción «El Bardo Bastardo» (homenaje a la canción Bard’s Song de Blind Guardian). Por último, el disco Babuinos del Metal de 2013 contenía otra canción llamada «Orcos de Mordor». Para los más puristas, ¡escuchad las canciones sin enfadaros!
Y precisamente Orcos de Mordor es el título de una canción del grupo División 251, una sátira política del también politizado grupo División 250 (queremos advertir que el contenido de las letras de este tema es fuerte y de marcada ideología).
Este subgénero del metal se caracteriza «por sus ritmos similares al speed metal y el hardcore punk en la agresividad y contundencia. Las canciones del género suelen utilizar percusión rápida y un bajo registro de riffs de guitarra, los cuales suelen ser así mismo rápidos y cortantes» (5).
Si queréis profundizar en las sutilezas de esta definición podéis hacerlo con dos canciones de temática tolkiendili: Galadriel, del grupo Crom (de 1987, un tema ya con solera) o Gurthang the Black Sword, de Phantom Mask (2005).
Y el viaje que empezamos con agradable jazz lo vamos a terminar con ruido puro.
Según la Wikipedia, el black metal es «un subgénero extremo del heavy metal, surgido a mediados de los años ochenta. Generalmente se caracteriza por sus letras con tintes satánicos. […] Se caracteriza por gritos rasgados, voces guturales y un sonido “crudo” a base de guitarras muy distorsionadas, y batería acelerada trabajada al máximo (“ritmos aplastantes”), instrumentación minimalista y voces guturales raspadas y agudas. Todo ello para crear diferentes atmósferas que a su vez recrean sentimientos de maldad, oscuridad, melancolía, sabiduría y pasión» (6). No es de extrañar que la mayoría de estos grupos hablen de nuevo (si se les entiende) de orcos, Sauron, Mordor, los Nazgûl, Melkor y demás calaña como si se tratasen de libertadores y héroes.
En el panorama español destacaremos los siguientes grupos: Forestdome, con títulos como Ephel Duath; Gothmog, Nirnaeth Arnoediad; Hrzig, Gorthol the Damned, Isengard o Battle Orcs on the Ancient Moor; y Morgoth Gates, con el tema The Awakening of the Black Sword.
(3) http://www.mediavida.com/foro/musica/land-of-mordor-opinion-mv-metaleros-352653
(4) https://es.wikipedia.org/wiki/Power_metal
Artículo «Rarezas y recursos: Tolkien en la música española» de José Pardo «Pardagast» y Alejandro Jarne «Gorthaur», con la colaboración de la Comisión de Música y Bailes, publicado en la Revista Estel 89
En este número vamos a echar un vistazo a los músicos españoles que se han visto inspirados por Tolkien, ya sea en un disco completo o en alguna de sus canciones. Una lista completa es sin embargo totalmente imposible, muchos de los grupos han tenido una corta trayectoria, la información es muy escasa y, además, no hemos podido encontrar sus canciones (casi siempre demos o maquetas); pero la recopilación que hemos realizado creemos que es bastante exhaustiva. Eso sí, de forma premeditada no se han considerado los grupos y trabajos que han surgido en el seno de la Sociedad Tolkien Española.
Iremos presentándolos por estilos musicales, empezando por la música más sosegada y terminando por la que puede precisar de una visita al otorrino…
El vinilo se llamó precisamente El Senyor dels Anells (1974), mismo título que las dos últimas pistas de la cara B: la primera un piano en solitario y la segunda con grupo. Jordi Sabatés es un peso pesado de los escenarios españoles jazzísticos de las últimas décadas; además, ha experimentado con otros estilos como el rock, el pop o la psicodelia y ha compuesto música para cine y teatro. El disco en cuestión constituía una mezcla de jazz y música de cámara, y tan pronto se podía escuchar una flauta renacentista como una hindú. El trabajo fue llevado primero a la discográfica EMI, pero le dijeron que Tolkien no tenía ningún futuro y no lo sacaron, demostrando así una interesante miopía para predecir el futuro.
Joaquín Taboada compuso en 2004 una bonita pieza para piano titulada Light of Eärendil (se puede escuchar en www.soundclick.com). En palabras del autor: «un tributo a Tolkien y a la bonita leyenda de la luz de Eärendil. Una metáfora al valor y al coraje que puede llevar el corazón de cualquiera, por pequeño que sea»(1). En la misma página web puede escucharse el sugerente Adagio for Tolkien (2006), también para piano, de José Luis Román.
Por último, en YouTube puede verse el interesante tráiler del proyecto de Vanyar Ensemble y la Coral Universitaria Murciana: Aiya Lindëtari, Aiya Lïndar (2009); se trata de un homenaje a El Silmarillion que llegó a estrenarse en el Auditorio de Murcia, con la coral de la universidad y algún acompañamiento instrumental. El vídeo explicativo merece la pena.
La música pop no ha sido precisamente un caldo de cultivo para escuchar influencias tolkienianas, pero un conocido grupo ochentero rebosó magia y Tierra Media en muchas de sus letras. Nos referimos a La Dama se Esconde, grupo nacido en San Sebastián y formado por Nacho Goberna e Ignacio Valencia. Su primer trabajo, Avestruces (1985), contuvo temas que evocaban a los libros de El Señor de los Anillos como: «El Gris», «Pastor de Árboles» o «Amenazas». La música intimista y las letras, que parecen copiadas de los libros («Despertad alegres, mis amigos, olvidad los ruidos que hay, que la noche se está yendo y el día vendrá»), están muy lejos del jaleo metalero que rodea a Tolkien, pero resulta curioso que sea uno de los primeros grupos españoles con este tipo de influencia. En YouTube se pueden ver vídeos de su paso por programas como Tocata, con su aire a lo The Cure.
La obra de Tolkien, por razones que se nos escapan, también ha inspirado a la música electrónica. Desde el techno minimal de Carlos Butler (Grond, efectivamente, machacón tema cual ariete), a la más reposada de Gnomusy (Echoes from Rivendell), pasando por mákina de la banda sonora (lo que oís… Musicalidad, El Señor de los Anillos).
Respecto a la música experimental, vamos a recomendar a dos autores independientes. El primero es el recopilatorio El Señor de los Anillos de Rhayader goes to Town (2002; puede oírse en www.jamendo.com) (2), se trata de música programática con mucho ordenador, donde se recogen las impresiones musicales que le suscitó la obra al autor. Según él mismo: «se trata por lo tanto, de música exclusivamente instrumental en la que el uso (a veces ingenuo y naif) de efectos diversos y de una amplia gama de instrumentos, se repite de manera conceptual en torno de un tema raíz…». La otra obra es Landscape for Luthien, de PeerGynt Lobogris, en este caso música experimental desde Córdoba que puede escucharse en la misma página web.
Pues sí, también hay una muestra de este género: El Señor de los Anillos (Mitrandil), de Agua Bendita (1996), divertida música anterior al boom de las películas (se puede ver el vídeo subtitulado en YouTube).
El grupo Azrael, en su disco Nada por nadie (también de 1996), compuso un tema melódico titulado «El Hechizo de Galadriel», principalmente en piano con arreglos de guitarra acústica, con un tinte bastante progresivo y sin letra que sirvió como epílogo al disco. El resto de composiciones sí poseían letra (en inglés y castellano) pero sin influencia musical de Tolkien.
Por otra parte, el conocido grupo Los Piratas dedicó una canción instrumental a Gollum en uno de sus álbumes de rarezas (Respuestas, 2003), con un toque muy chillout (tras escucharla no me viene a la mente Gollum, pero bueno…). Tricantropus, un grupo de veteranos del rock sinfónico y progresivo, publicó en su primer trabajo (Recuerdos del futuro, 2007) dos canciones tolkiendili: Los Puertos Grises y El Lamento de Galadriel, con melodías melancólicas y cálidas.
Varias formaciones tienen en sus repertorios canciones tolkiendili, como el folk eclécticorock progresivo de Amarok, Homenaje a J.R.R. Tolkien; el rock celta de Ambulancia Irlandesa, El Canto de Melkor; los valencianos de Innerlands, El hobbit con botas; o los gallegos de Trisquel, Galadriel.
Pero quizá el grupo más representativo de esta sección sea Narsilion, grupo catalán de música neoclásica-gótica-darkwave (por ahí nos movemos). Los títulos de varios de sus trabajos ya indican una declaración de intenciones: Nerbeleth, Namárië o Elenna Nórë; y con canciones como Angmar o El Llanto de Galadriel. Temas como Nerbeleth se inician de manera etérea, melancólica, con un apropiado regusto «élfico», para ir subiendo y convirtiéndose en música celta-folk con maravillosos coros. Otros temas como Angmar son potentes, casi marciales, con sorprendente percusión y una preciosa voz. Flautas traveseras y alegres violines coexisten con épicos tambores, pero resultando su música siempre bella y sugerente.
Música dark ambient también produce Elffor: The Lonely Mountain o Kortirion among the trees.

Fue precisamente un integrante de Narsilion, Sergio Gómez (aka «Sathorys Elenorth»), quien grabó en solitario dos discos completos de temática tolkiendili: Behind the gates of Black Abyss (2003) y Songs from Forgotten Lands (2010), con la colaboración de Núria Luis (aka «Lady Nott»). El estilo musical de estos trabajos varía en función de las fuentes a las que uno acuda. Así, para algunos es música dark symphonic, para otros neoclassical darkwawe e, incluso, se la ha adjetivado como dungeon synth. Sathorys Elenorth nació en Terrassa y, además de Narsilion y Lugburz, también ha sido integrante de otras bandas como Endless Asylum, Ordo Funebris o Der Blaue Reiter.
La música de Lugburz, según Sathorys, está envuelta «en pasajes totalmente épicos y legendarios a la vez que atmosféricos». El primer disco mencionado, Behind the gates of Black Abyss, está repleto de temas fantásticos y medievales, pero con una pátina de oscuridad. La orquestación y la característica percusión de Lugburz impregnan todos los temas, como en «Khazad-dûm», que es aparentemente sencillo, pero te transporta realmente a Moria. «Eternal glory for dying heroes» es un tema melancólico, quizá el mejor del disco.
Su segundo trabajo, Songs from Forgotten Lands, constituye una obra incluso más épica (y mejor). La música es más oscura, en ocasiones tenebrosa. Parece la banda sonora de una película no filmada, e incluye sus propios efectos de sonido, como caballos, inquietantes cuernos, percusiones o las siempre misteriosas campanas («Return of the Dark Ages», «Morgul’s night»). Otros temas son soflamas inspiradoras («The Ring goes to south», «The Riders of Rohan»). La banda sonora de Howard Shore aletea en todas las canciones y en ocasiones los temas pueden hacerse repetitivos, pero el resultado merece la pena. Destacan las voces, tanto masculinas como femeninas, orgullosas y altivas en algunas ocasiones, siniestras y guturales en otras; y también el céltico violín de Lady Nott.
(1) http://www.soundclick.com/bands/pagesongInfo.cfm?bandID=13092&songID=1929731
(2) https://www.jamendo.com/album/108286/el-senor-de-los-anillos?language=es
Continuación del artículo «Kili está bueno»: la adaptación del aspecto físico de los enanos en la trilogía El Hobbit dirigida por Peter Jackson por Amaya Fernández Menicucci, publicado originalmente en 2020 en la revista Estel 93
Para muchos puristas, los evidentes añadidos (por ejemplo, el personaje de Tauriel, inexistente en el universo creado por Tolkien), las ampliaciones (el personaje de Azog, aunque técnicamente presente en la obra de Tolkien, no aparece en El Hobbit, ni tiene desarrollo alguno comparable con el que le otorga Jackson) y alteraciones (el aspecto físico de los enanos, como se ha señalado) constituyen traiciones imperdonables al espíritu y la letra de la novela de Tolkien. Sin embargo, me gustaría señalar que una adaptación cinematográfica constituye una obra de arte en sí misma y su calidad no debiera juzgarse por su fidelidad al texto literario que la inspira. Como Robert Stam señala en su introducción al volumen Literature and Film,6 en primer lugar, es imposible trasladar de manera idéntica un texto exclusivamente verbal a un texto multimodal basado tanto en lo visual, como en lo verbal y lo acústico, y que además se caracteriza por evidentes limitaciones de tiempo y costes de producción. En segundo lugar, y aunque una adaptación absolutamente fiel fuera posible, sería redundante: ¿para qué querríamos una obra idéntica a otra ya existente? En tercer lugar, por muy fiel que una adaptación cine matográfica sea al texto literario, es inevitable que no pueda ser fiel a la película que cada lector ha proyectado en su mente al sumergirse en el texto literario. En otras palabras, a menudo, lo que hace que nos decepcione una adaptación fílmica es el hecho de que se no sea fiel a nuestra adaptación mental de la obraliteraria. En realidad, nada impide que una adaptación consiga resultados extraordinarios desviándose significativamente del argumento original e incluso alterando varios de sus personajes principales.7 Por consiguiente, en lugar de cuestionar el grado de fidelidad de la trilogía de Jackson respecto a la novela de Tolkien, prefiero centrarme en la medida en la que las alteraciones contribuyen o no a la calidad artística de la adaptación y al desarrollo narrativo de la misma..
En la novela de Tolkien, los únicos enanos en gozar de algún rasgo identificativo más allá de sus nombres y linajes, son Thorin, quien parece inclinado a cierta autocomplaciente verbosidad, Dori, que se muestra especialmente amable con Bilbo en más de una ocasión, Bombur, obeso y, como dictan las leyes de la comicidad más clásica, obsesionado con la comida, y los hermanos Fili y Kili, de quienes se dice tan solo que, siendo los más jóvenes de la compañía, tienen mejor vista que los demás y son a menudo enviados a escudriñar el horizonte o como avanzadilla para estudiar el terreno. Desde un punto de vista físico, a excepción de la obesidad de Bombur, solo distinguen a un enano de otro el color de la capucha (la de Thorin tiene además una borla plateada) y el de sus larguísimas barbas, con las que todos cuentan, sin excepción. Es destacable, por tanto, que aunque su altura y atuendo los identifiquen como enanos, no son representados de manera grotesca como lo son, por ejemplo, Bifur o Nori en la trilogía de Jackson.
Volviendo al continuum de «enanidad» que nos presenta Jackson, hemos visto que lo que hace que los enanos de Jackson se encuentren en un determinado punto de la escala no es únicamente el canon de belleza occidental tal y como se define a principios del siglo XXI, sino la «normalidad», desde un punto de vista humano, de las facciones, peinados y demás atributos. Es significativa, pues, la decisión deliberada de representar de manera tan extrema a unos enanos respecto a otros. ¿Por qué no dar a todos los enanos el mismo aspecto, como ocurre en la novela, especialmente cuando el Bilbo de Martin Freeman es tan semejante al personaje creado por Tolkien? La respuesta más sencilla (que según nos enseña la ciencia, suele ser la más probable) es que Jackson necesita «humanizar» físicamente a dos enanos concretos.
Uno es Thorin, lo cual se explica volviendo la mirada hacia el concepto de kalokagathía: el aspecto de un rey épico debe exudar carisma y despertar admiración y respeto, no suscitar risas. De ahí el parecido del Thorin de Jackson con el Aragorn de su anterior trilogía. Parece bastante evidente que Jackson está intentando usar muchos de los elementos que contribuyeron al éxito cinematográfico de ESDLA, en especial, aquellos que forjaron su registro épico. En este sentido Jackson se distancia de Tolkien, ya que la novela publicada en 1937, aun contando con numerosos elementos tomados de sagas épicas, estaba diseñada para un público muy joven, lo cual se refleja, por ejemplo, en el humor que caracteriza muchas escenas, así como las reflexiones que el narrador dirige al lector. Tómese, por ejemplo, el dramatismo de la primera aparición en pantalla de Thorin, emergiendo solo y digno de entre la oscuridad ante la puerta redonda de Bilbo: nada tiene que ver con el Thorin de Tolkien, que se levanta trabajosamente y muy molesto tras haber sido aplastado por los varios enanos que se habían hacinado contra la puerta y caído sobre él. Aun así, la decisión de Jackson de elevar el tono de su obra y convertir la novela original en una trilogía, no sería en sí necesariamente una mala elección artística, si el guión la respaldase de manera coherente. Sin embargo, el hecho de que la caracterización de la mayoría de los enanos sea vea tan sujeta a parámetros más propios del género cómico que del épico es solo un ejemplo del tipo de incoherencias en las que incurre la trilogía de El Hobbit, y que anulan los esfuerzos de Jackson por convertir la novela de Tolkien en una obra comparable en tono y estilo a ESDLA.
Mucho más problemático me parece el caso del otro enano de aspecto humanizado. La función de Kili no es la liderar o imponer respeto. La única otra razón para querer dar un aspecto canónicamente atractivo a un enano de la Tierra Media es que Jackson necesitara un protagonista masculino para una historia de amor. Y he ahí que, cual deus ex machina, aparece Tauriel la elfa, con el único objetivo de materializar un romance interespecies. Una idea interesante, no cabe duda, y también políticamente correcta, pero que carece de sentido desde el punto de vista narrativo, ya que nada aporta a la línea argumental principal. Sí, es cierto que Tauriel salva la vida de Kili, pero en primer lugar, lo hace de una herida que le ha sido infligida en un acto heroico también inventado por Jackson. En segundo lugar, Tauriel salva a Kili para que este pueda cumplir su destino de morir, a su vez, salvándola a ella de las garras de Bolgo. En otras palabras, la subtrama del romance entre Kili y Tauriel es un bucle narrativo autoconclusivo y desvinculado de la lógica narrativa del resto de la trilogía. Jackson se inventa un personaje ad hoc al que ni siquiera da un epílogo, sino que abandona al lado del cuerpo sin vida de Kili, como si su personaje solo tuviera sentido en relación al del joven enano. Y, repito, desde un punto de vista narrativo así es.
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Lo que debería preocuparnos no es, entonces, que parte del público pudiera encontrar en el atractivo físico de Kili uno de los platos fuertes de la trilogía, sino la sospecha de que Kili haya sido transformado en un joven sexualmente atractivo precisamente con el fin de atraer a un cierto sector del público a las salas de cine. Teniendo en cuenta el estereotipo de personas interesadas en películas sobre relaciones románticas, las alteraciones a las que el personaje de Kili se ha visto sometido estarían pensadas para atraer a un público tradicionalmente poco interesado en el género de fantasía épica. Asimismo, la deliberada representación caricaturesca de diez de los trece enanos no hace más que subrayar la incoherente coexistencia de elementos cómicos y convenciones épicas. Es como si Jackson hubiera intentado ampliar lo más posible el público potencial de su trilogía, sin reparar en las consecuencias que ello pudiera conllevar desde un punto de vista artístico. Lo que me parece por tanto cuestionable, no es que la fuente literaria haya sido alterada, sino por qué lo ha sido, ya que en este caso las alteraciones parecen obedecer a razones puramente comerciales.
Artículo «Kili está bueno»: la adaptación del aspecto físico de los enanos en la trilogía El Hobbit dirigida por Peter Jackson 1 por Amaya Fernández Menicucci, publicado originalmente en 2020 en la revista Estel 93
En diciembre de 2012, Abby Stone escribía en su reseña «The Hobbit: Making Sense of Kili, the Hot Dwarf» para el popular sitio web Hollywood.com que, «aunque Bilbo es valiente y Thorin fuerte, es Kili (¡oh, Kili!) quien hace de golosina visual. Como ya ocurriera con el Legolas de Orlando Bloom, es Kili el que empuja a adolescentes a preguntarse: «¿Es normal que esté, o sea, como obsesionada con un ser mitológico?» A lo que todos contestamos que sí, que es normal. Porque ¡joder, qué bueno está Kili!»2 El concepto de «golosina visual»,3 acuñado para explicar el fenómeno de adicción visual asociada al consumo rápido e incesante de imágenes en redes sociales como Instagram o Tumblr, lleva ya tiempo asociado a las adaptaciones cinematográficas del universo tolkieniano. Un rápido paseo por Internet es suficiente para cerciorarse de que son numerosos los foros de fans que han debatido y debaten las virtudes físicas de Orlando Bloom o de Viggo Mortensen en la adaptación de Peter Jackson de El Señor de los Anillos (en adelante, ESDLA). Ahora es el turno de Aidan Turner, actor que da vida a Kili en la versión cinematográfica de El Hobbit, que Jackson dividió en tres partes y estrenó, respectivamente, en 2012, 2013 y 2014. En concreto, sitios web especializados en fanfiction y fanart, como Wattpad.com y Deviantart.com, rebosan de imágenes y relatos protagonizados por las versiones en carne y hueso de Legolas y Kili, de carácter velada o abiertamente erótico.
No puedo decir cómo reaccionaría J. R. R. Tolkien ante este hecho, pero sospecho que muchos verán este fenómeno como la consecuencia de una vulgarización de los estándares morales y las aspiraciones sublimadas del género de fantasía épica, del que Tolkien es padre fundador. Sin embargo, también es cierto que, según las propias convenciones del género, tanto el personaje de Legolas como el de Aragorn no podían ser encarnados más que por actores de facciones simétricas, armoniosas, en una palabra: atractivas. Naturalmente, siendo el primero un elfo silvano, hijo del rey del Bosque Negro, su rol correspondía a alguien que pudiera encarnar esa belleza sin edad, luminosa y etérea, típica de la raza élfica en la obra de Tolkien. Aragorn, en cambio, un humano curtido por la vida nómada de los montaraces, último descendiente del linaje de los reyes de Gondor, Arnor y Númenor, y líder de los hombres de la Tierra Media frente al Señor Oscuro, tenía que ser llevado a la gran pantalla por alguien capaz de aunar hermosura y madurez, nobleza y resiliencia. Un Viggo Mortensen de poco más de cuarenta años y con una piel tostada por el sol y surcada por arrugas, que no hacen más que añadir virilidad a un rostro de pómulos marcados y penetrantes ojos azules, parece la elección perfecta. Por el antiguo principio griego de la kalokagathía, mantenido tanto en los romances medievales como en la literatura fantástica inspirada en estos, hay que ser kalós, es decir, guapo, para poder ser agathós, o sea, bueno. La nobleza de carácter, así como la de estirpe, debe corresponder a un cuerpo rebosante de fuerza y belleza.
Hasta aquí, todo 0bien. El cast de Jackson para ESDLA parece trasladar todas las expectativas del género al medio cinematográfico, y si a consecuencia de ello pósters de Legolas brotan como setas en los cuartos de adolescentes, la coherencia estética y conceptual de la relación entre obra literaria y adaptación no parece verse afectada en lo más mínimo. El problema surge cuando la decisión de emplear el binomio kalós-agathós va no solo en contra del discurso ideológico de la fuente literaria, El Hobbit de Tolkien, que gira precisamente en torno a la idea de que cuerpos de características nada heroicas pueden albergar el valor propio de un héroe, sino que también va en contra de los planteamientos estéticos de la anterior trilogía del propio Jackson, donde el actor John Rhys-Davies daba vida a un Gimli de abundantes e indómitas cejas, barba y cabellera que solo dejan ver una descomunal nariz y unos ojos de expresividad decididamente cómica.
Si por un lado, la versión de Kili encarnada por Turner parece haber levantado pasiones, el resto de los enanos, a excepción, como veremos, de Thorin y Fili, son versiones aún más caricaturizada del Gimli de Rhys-Davies: el uso de prótesis faciales y complejas pelucas, barbas y cejas postizas, ha convertido en grotescas máscaras de clara intención cómica incluso a actores como Jed Brophy, considerados como muy atractivos según los cánones de belleza Hollywoodienses. El personaje de Dwalin, encarnado por un Graham McTavish de gigantescos músculos que parece haber salido de una película de acción de los ochenta, rebaja su potencial de resultar atractivo al ostentar el tipo de prótesis y postizos ya mencionados, y sobre todo, parafraseando a Terry Pratchett, por una calva que más que ser consecuencia de simple alopecia, parece deberse a que su cráneo haya crecido desmesuradamente para alzarse como una cúpula por encima de la línea de crecimiento del pelo.4 Dwalin, en parte versión enana de Conan el Bárbaro, en parte secundario cómico, se colocaría en medio de un continuum a un extremo del cual tenemos a Kili y su deseabilidad, y al otro a un hiperbólico Bombur, epítome del cliché retórico que asocia obesidad y comicidad. De hecho, podría decirse que más que valerse de la convención de la kalokagathía, Jackson reivindica otro binomio clásico: el de la fealdad llevada a lo grotesco y la capacidad de generar hilaridad.
Si ordenáramos, pues, a la compañía de enanos de más a menos atractivo, o lo que es lo mismo en este caso, de más guapo a más ridículo, justo al lado de Kili tendríamos a Thorin, quien, a pesar de llevar una nariz protésica, resulta noblemente varonil e indudablemente regio. De hecho, podría decirse que por un lado el aspecto de Kili y Bardo está basado en la imagen de Mortensen en su interpretación de Trancos en la primera entrega de ESDLA, con su descuidada y viril barba de tres días, y su melena larga, oscura y suelta; y a su vez Thorin, en su faceta de rey bajo la montaña, se parece al Aragorn coronado en la última entrega de ESDLA. Después de Thorin vendría Fili, un personaje que no carece de atractivo físico (a fin de cuentas, es hermano de Kili, y con este, el más joven de la compañía), pero a pesar de ello denota ya un ligero toque cómico al presentar, además de una nariz algo más gruesa que la verdadera, un tupido bigote acabado en dos hermosas trenzas. Seguimos con Bofur, cuya barba sigue bajo control como las de Thorin y Fili, pero cuyo bigote ya se eleva hacia cotas más claramente humorísticas. De hecho, tanto su bigote como su pelo y su gorra parecen estar a punto de alzar el vuelo. A partir de ahí, todo es un sucederse de peinados cada vez más extravagantes, narices cada vez más bulbosas y gestos faciales cada vez más exagerados. En concreto, la longitud de las barbas y lo rocambolesco de los peinados parecen ser directamente proporcionales al grado de comicidad intrínseca en un personaje.
No debemos tampoco olvidar al primo de Thorin, Dáin, quien acude en su ayuda y participa valerosamente en la Batalla de los Cinco Ejércitos. Si al menos diez de los trece enanos que se reunieran en salón de Bolsón Cerrado más bien parecen cartoons, Dáin resulta convertirse literalmente en un dibujo animado de última generación en algunas escenas. Nada nuevo, si se tiene en cuenta que los dos principales antagonistas de los enanos, Smaug y Azog, son ellos mismos personajes digitales, así como lo son todos los orcos, trasgos y huargos. Se trata, no obstante, de una elección llamativa por parte del director que cuenta con un actor en carne y hueso, pero decide pasar, sin motivo aparente, a usar un muñeco digital en algunas escenas. El resultado final de decisiones estéticas como esta y las anteriormente mencionadas, es que el continuum sobre el que se desarrolla la representación de la especie enana no solo va de más a menos guapo y de menos a más ridículo, sino fundamentalmente, de más a menos semejante a un humano.
No soy la única que parece haberse dado cuenta de que existe tal continuum. En otro de los sitios más socorridos para tomarle el pulso a la respuesta popular a producciones para la pequeña y gran pantalla, Buzzfeed.com, el reportero Louis Peitzman lanzaba un ranking de los enanos en función del factor «golosina visual»: «hay muchas razones para estar entusiasmados con la nueva trilogía sobre [la obra de] Tolkien. Ignoremos todo eso y centrémonos en las golosinas visuales de los enanos».5 A continuación, Peitzman procede a enumerar uno a uno actores y personajes, dejando a Bofur y Balin en último lugar, y colocando, como era de esperar, a Kili, Fili y Thorin en los primeros puestos. Dejando a un lado la cosificación que produce semejante ranking de los actores, reducidos a meras «golosinas», desde un punto de vista puramente académico, y en particular desde la perspectiva de los Estudios Culturales y los Estudios de la Adaptación, resulta muy interesante observar las diferencias entre texto literario y texto fílmico para luego tratar de explicar a qué criterios responden: puramente artísticos, socio-culturales, políticos o comerciales. La pregunta que me planteo es, por tanto, de qué manera las desviaciones del texto de Tolkien sirven para crear un nuevo texto en la obra de Jackson.
Aquí termina la Parte I
Por Patricia Díaz Santos «Fëamariel». Artículo publicado originalmente en 2018 en la revista Estel 60
El acercamiento de los personajes en El Señor de los Anillos a la mesa no se produce de una forma indiferente o descuidada. Lo vemos con claridad en los hobbits, pero también, en distintos momentos, en las diferentes razas de la Tierra Media, que manifiestan de alguna manera su parte más trascendental en el contacto con la alimentación.
Esto se percibe a través de algunos ritos, brindis y otros modos de expresarse en torno a la comida y la bebida. Estas ceremonias muestran de manera muy especial los afectos, emociones y deseos que se proyectan a través de ella.
Así que, como si fuéramos un jinete de Rohan, podemos ir cabalgando entre trago y trago por las páginas de El Señor de los Anillos disfrutando de estos deliciosos momentos.
En cada relectura no dejan de llamarme la atención algunos detalles como el de «una mesa redonda cubierta de un mantel blanco, y encima una gran campanilla»; no esperaba que hubiera una mesa con estas características en la Posada del Poney Pisador…
Sin embargo sí que me parece propia de un elfo «la bota de cuero adornada de plata» de Glorfindel, y encuentro que es todo un gesto de hospitalidad cuando «los hobbits se sentaron complacidos en unas sillas bajas de mimbre, mientras Baya de Oro se ocupaba alrededor de la mesa»; el que toda una reina élfica les prepare la mesa mientras esperan al «señor de la casa» es digno de mención.
Pero si entramos en el tema propio de los ritos nos damos cuenta, como se dice en El Principito de Saint-Exupéry, que «Los ritos son necesarios». Y « ¿Qué es un rito? —dijo el principito—. Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas».
Pienso que cumplen con estas condiciones, aunque algunos también podrían entrar en la categoría de brindis, cuatro momentos: La Copa del Adiós, El Rito de la Buena Suerte, el Rito del Silencio y el Rito de los Hobbits y de los Hombres.
Con la Copa del Adiós, Galadriel anima a no entristecerse aunque haya dificultades. Parece ser que en esta escena, junto con la copa de la buena suerte, Tolkien se inspira en Beówulf: «Coronada con oro, Walto avanzó. […] Allá dijo la reina: «recibe esta copa, oh mi dueño y señor, generoso caudillo. Regocíjate ahora, oh rey de tu pueblo y dirige a los gautas generosas palabras»».

En esta ocasión Galadriel ofrece la copa a Celeborn… «Galadriel se levantó entonces de la hierba, y tomando una copa de manos de una doncella, la llenó de hidromiel blanco y se la tendió a Celeborn.
»Ahora es tiempo de beber la copa del adiós —dijo—. ¡Bebed, Señor de los Galadrim! Y que tu corazón no esté triste, aunque la noche tendrá que seguir al mediodía, y ya la tarde lleva a la noche.
»Enseguida ella llevó la copa a cada uno de los miembros de la Compañía, invitándolos a beber y a despedirse.»
También cabe destacar el simbolismo del hidromiel como la bebida de la inmortalidad y el sentido que tiene en algunos lugares, como ocurre aquí, el hecho de beber todos de la misma copa, signo de fidelidad, de pacto y de pertenencia.
El Rito de la Buena Suerte tiene cierto parecido con la Copa del Adiós, por tomarla en el momento de la despedida, pero podemos llamarlo de la buena suerte porque es lo que quiere transmitir Éowyn en esta ocasión.
Parece que Éowyn hace la función de una hermosa valkiria, sino fuera porque no se limita a decantar el vino, sino que bebe un sorbo ¿En señal de comunión? Probablemente. Aunque también puede que sea la forma simbólica que tenía de unirse a las hazañas que llevaría a cabo la Compañía del Anillo, en la que Aragorn no había permitido que participara Éowyn.
Además de las cualidades que he mencionado en la Copa del Adiós sobre su significado, aquí habría que añadir el que en el mundo celta, la copa que una joven presenta al futuro rey, llena de vino, cerveza o hidromiel es un símbolo de soberanía:
«Tenía en la mano una copa; se la llevó a los labios y bebió un sorbo, deseándoles buena suerte; luego le tendió la copa a Aragorn, y también él bebió, diciendo: —iAdiós, Señora de Rohan! Bebo por la prosperidad de vuestra Casa, y por vos, y por todo vuestro pueblo».
El Rito del Silencio es uno de los más bellos, tiene lugar en el refugio de los hombres de Gondor en Ithilien, junto a la Ventana del Sol Poniente, Henneth Annún, la más hermosa de todas las cascadas de la tierra de los manantiales: «Antes de sentarse a comer, Faramir y todos sus hombres se volvieron de cara al oeste, y así permanecieron un momento, en profundo silencio. Faramir les indicó a Frodo y Sam que hicieran lo mismo.
»—Siempre lo hacemos— explicó Faramir cuando por fin se sentaron—; volvemos la mirada a Númenor, la Númenor que fue, y más allá de Númenor hacia el Hogar de los Elfos que todavía es, y más lejos todavía hacia lo que es y siempre será.»
Este es uno de los momentos donde mejor se ve la dignidad de ese acercamiento a la comida: todos los hombres de pie, con la cara girada, en profundo silencio y… con bastante apetito.
Estos ritos los realizan indistintamente, por la información que dan, los hombres y los hobbits. No deja de ser un detalle evidente de educación el que señala Frodo, aunque la reverencia le da cierto aire de ceremonia.
Cuando acaban de realizar el Rito del Silencio Faramir pregunta: «¿No hay entre vosotros una costumbre semejante a la hora de las comidas?
»—No —respondió Frodo, sintiéndose extrañamente rústico y sin educación—. Pero si hemos sido invitados, saludamos a nuestro anfitrión con una reverencia, y luego de haber comido nos levantamos y le damos las gracias.
»— También nosotros lo hacemos— dijo Faramir.»
Antes de comer también realizan algunos actos que no es que sean propiamente un rito, en el sentido que estamos comentando, pero sí que entran dentro del ritual que observa cualquier persona que cumple las normas de higiene. Aunque en el caso de Sam sea un poco «exagerado».
En la preparación de la cena en Henneth Annún se recoge: «Ahora estaban encendiendo más antorchas. Habían espitado un casco de vino, abrían los barriles de provisiones, y algunos hombres iban a buscar agua a la cascada. Otros se lavaban las manos en jofainas. Trajeron para Faramir un gran aguamanil de cobre y un lienzo blanco y también se lavó.
»—Despertada nuestros huéspedes—dijo—, y llevadles agua. Es hora de comer.
»Frodo se incorporó y se desperezó, bostezando. Sam, que no estaba habituado a que lo sirvieran, miró con cierta sorpresa al hombre alto que se inclinaba, acercándole un aguamanil.
»— ¡Déjala en el suelo, maestro, por favor!—dijo—. Será más fácil para ti y también para mí. —Luego, ante el asombro divertido de los Hombres, hundió la cabeza en el agua fría y se restregó el cuello y las orejas.
»— ¿Es costumbre en vuestro país lavarse la cabeza antes de la cena? —preguntó el hombre que servía a los hobbits.
»—No, antes del desayuno—replicó Sam—Pero si estás falto de sueño, el agua fría en el cuello te hace el mismo efecto que la lluvia a una lechuga marchita. ¡Listo! Ahora me podré mantener despierto el tiempo suficiente como para comer un bocado.»
El acto de brindar está cargado de un profundo sentido de amistad y buenos deseos. En tiempos de Homero, en el momento del brindis decían: propinein philotesias, «beber a la salud». En Roma también se practicaba el brindis que consistía en levantar la copa y decir propino, que en su sentido más profundo quiere decir «bebo el primero deseándote un vivir feliz». Además, si había mujeres, el varón enamorado escribía en la mesa con vino el nombre de su amada, antes de pasarle la copa. ¡Qué lástima que no añadiera J.R.R. Tolkien este detalle entre Aragorn y Arwen! Aunque quizá nos hubiéramos quedado sin la Copa del Adiós entre Aragorn y Éowyn…
También es interesante saber que el origen etimológico viene del alemán Ich bringe dir es, que significa «te lo ofrezco».
Aunque no se trata estrictamente de un brindis sino del «temido discurso», sí es verdad que todos los hobbits estaban sorbiendo sus bebidas favoritas y las palabras de Bilbo son de agradecimiento y afecto, lo que hace que puedan ser las palabras previas a un brindis, como en el momento en que dice: «En primer lugar para poder decirles lo mucho que los quiero y los breves que son ciento once años entre hobbits tan maravillosos y admirables. —Tremendo estallido de aprobación—. No conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad delo quela mitad de ustedes merece.»
Después de este momento, tras la desaparición de Bilbo, Frodo también brinda a la salud de su tío, lo que ocurre es que lo hace consigo mismo: «Frodo ya no quiso saber nada con la fiesta; ordenó servir más vino, se puso de pie, vació la copa en silencio, a la salud de Bilbo, y se deslizó afuera del pabellón.»
Este brindis tiene lugar tras los funerales de Théoden y el gran festín. Es un acto solemne, transmisor de sentimientos encontrados: «La gente se reunió… y dejó de lado la tristeza; porque Théoden había vivido largos años y había acabado sus días con tanta gloria como los más insignes de la estirpe».
En esta ocasión se bebe a la memoria de los Reyes y una vez más Éowyn hace el papel de valkiria, donde el mensaje es, de nuevo, de soberanía y del brindis de los presentes a la salud del Rey de la Marca: «Y cuando llegó la hora de beber en memoria de los Reyes, como era costumbre en la Marca, Éowyn Dama de Rohan se acercó a Eomer y le puso en la mano una copa llena.
»Entonces un hacedor versado en las tradiciones se levantó y fue enunciando uno a uno y en orden los nombres de todos los Señores de la Marca: Eorl el Joven; y Brego el Constructor del Palacio; y Aldor hermano de Baldor El Infortunado; y Fréa, y Fréawine y Goldwine y Déor. Gram y Helm el que permaneció oculto en el Abismo de Helm cuando invadieron la Marca; y así fueron nombrando todos los túmulos del ala occidental, pues en aquella época el linaje se había interrumpido, y luego fueron enumerados los túmulos del ala oriental: Fréalaf, hijo de la hermana de Helm, y Léofa y Walda, y Folca, y Flocwine, y Fengel y Thengel, y finalmente Théoden. Y cuando Théoden fue nombrado, Eomer vació la copa. Éowyn pidió entonces a los servidores que llenaran las copas, y todos los presentes se pusieron de pie y bebieron y brindaron por el nuevo Rey, exclamando: —iSalve, Eomer, Rey de la Marca!»
Tras el festín funerario de Théoden y estando presente Aragorn se lleva a cabo el siguiente brindis:
«¡Faramir, senescal de Gondor y príncipe de Ithilien, pide la mano a Éowyn dama de Rohan y ella se la concede de buen grado! Y aquí mismo celebrarán la boda ante nosotros.
»Y Faramir y Éowyn se adelantaron y se tomaron de la mano; y todos los presentes brindaron por ellos y estaban contentos.»
Es un brindis sencillo pero cargado de gran emotividad, pues conlleva un anuncio de boda y el que estuviera presente Aragorn, el amor imposible de Éowyn. «Entonces Éowyn miró a Aragorn a los ojos, y dijo: —¡Deséame ventura, mi Señor y Curador!
»Y él respondió: —Siempre te deseé ventura desde el día en que te conocí. Y verte ahora feliz cura una herida en mi corazón».
Para acabar, un brindis de J.R.R.Tolkien, que realizó en una «Cena de hobbits» en la Universidad de Ámsterdam en la primavera de 1958:
«Se cumplen exactamente veinte años desde que empecé a narrar la verídica historia de nuestros amados antepasados hobbits de la Tercera Edad. Miro hacia el este, el oeste, el norte y el sur y no veo a Sauron; pero sé que Saruman ha tenido nueva descendencia.
»Nosotros los hobbits no disponemos de armas mágicas contra ellos. Sin embargo, mis queridos hobbits, os ofrezco un brindis.
»¡Por los hobbits! Ojalá sobrevivan a los sarumanes y vuelvan a ver la primavera de los árboles».
¡A vuestra salud!
Entrevista publicada originalmente en la revista ESTEL 88.
La entrevista se realizó la mañana del 15 de octubre de 2017 durante la Estelcon (Convención anual de la Sociedad Tolkien Española) en Tortosa, Tarragona. La entrevista fue transcrita por Rebeca «Nai» y Paula «Erendis» y corregida por el propio John Garth. Traducida por Rebeca «Nai», Paula «Erendis», Sonia «Altariel», Bárbara «Ar-Feiniel» y Joan Carles «Nirnaeth». Resumen y extracto de Rubén «Balin».
MF: «Mónica Findûriel»
JG: John Garth
MF: ¿Cómo comenzó su interés en la vida y obra de Tolkien?
JG: Pues comenzó muy pronto. Leí los libros de Narnia de C.S. Lewis cuando tenía siete años, y naturalmente decidí que iba a seguir con Tolkien. Mi madre tenía los libros de El señor de los anillos y supe que quería viajar ahí, pero pensé «no hasta que tenga 18 o algo así». Pero una tarde estaba aburrido, lo cogí de la estantería y lo leí. Tenía nueve años. Me llegó muy muy pronto y supongo que me ha ayudado a ser la persona en la que me he convertido.
MF: Así que ¿qué le llevó a investigar aquel periodo específico de la vida de Tolkien, sus experiencias en la Primera Guerra Mundial? ¿Cuándo tomó forma la idea del libro?
JG: Es algo complicado. Básicamente una de mis pasiones sobre Tolkien es que siempre he querido hacer diccionarios de élfico. Con La historia de la Tierra Media me di cuenta de que no puedes hacer un diccionario de élfico directamente porque siempre está cambiando. Así que mi siguiente gran idea fue hacer un catálogo con todos los textos que Tolkien escribió y todo el élfico que había en ellos. Y cómo era un proyecto demasiado vasto nunca lo terminé. Pero terminó haciendo que me fijara muy detenidamente en lo que Tolkien estaba haciendo y cuando lo hacía. En la presentación de El libro de los Cuentos Perdidos, Christopher Tolkien menciona los campos de entrenamiento militar donde su padre escribió ciertos poemas. Así que pensé, que si podía descubrir algo más sobre qué hizo Tolkien durante la Primera Guerra Mundial, entonces sería capaz de entender mejor el orden en que escribió las cosas.
Decidí escribir un pequeño artículo y poco después los registros personales de los oficiales del ejército británico de la Primera Guerra Mundial fueron liberados para el público. Así que era 1998 y yo era el primero en poder ver los de Tolkien, lo cual fue una experiencia maravillosa. También fue un proceso lento. Leí todo lo que pude encontrar sobrelas batallas específicas en las que él estuvo involucrado. La Primera Guerra Mundial penetró de manera profunda en la vida privada de todas las formas posibles, así que fue un viaje fascinante.
MF: Así, de un catálogo pasó a un artículo sobre algo diferente, y luego acabó formando parte de un libro. Entonces, ¿qué problemas encontró para investigar la incipiente vida del autor? ¿Apareció alguna anécdota peculiar o impactante en el proceso?
JG: Las dificultades que tuve fueron esencialmente las de encontrar cosas específicas de Tolkien como persona. Que sepamos, no escribió ningún diario durante la Primera Guerra Mundial. Conseguí seguir la pista de la familia de Robert Gilson, otro de los miembros de la TCBS, y tenían una caja llena de cartas escritas desde la universidad, desde los campos de instrucción y desde las trincheras en el frente. Había referencias a Tolkien, y lo que es más importante, a su círculo de amistades, con lo que uno se podía hacer una buena idea de la clase de personas que eran. Eso fue genial.
Con el tiempo, el Tolkien State me permitió acceder a documentos que se guardan en la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Había allí cartas entre él y los otros miembros de la TCBS, y al tener acceso a ello fue profundamente conmovedor leer sobre aquellas personas, meterse en su cabeza, ver como cambiaron de jóvenes a hombres adultos en el transcurso de la guerra. Aquello le dio corazón a mi libro, me dio el sentido de cómo se desarrolló la escritura de Tolkien y al tiempo sentí que rescatar sus voces perdidas y volverlas a la vida era una especie de tributo a ellos.
MF: ¿Qué opinan sus familias del material que usted usó y de cómo lo trabajó?
JG: La familia de Rob Gilson se comportó fantásticamente. El año pasado me dejaron ver sus cuadernos de bocetos. Tenía esos pequeños cuadernos de bocetos en acuarela o en tinta, con paisajes y castillos e iglesias, etc… Te permite entrar en su cabeza y creo que es algo que compartió con Tolkien, algo que los podía vincular. Se puede incluso apreciar que hay una pintura, en la que me queda muy claro que Gilson estaba con Tolkien cuando la pintó, puesto que Tolkien pintó poco después su versión del mismo motivo.
MF: Entonces ¿Ha aprendido algo nuevo de Tolkien de la imagen que ya tenía por sus biógrafos y sus trabajos?
JG: Sí. Lo tenía que mirar a través de los ojos de sus mejores amigos y lo sorprendente fue que a menudo estaba lejos de ellos. Claramente lo admiraban como a un héroe y lo querían tener como parte de su círculo tanto como fuera posible, pero a menudo no lograban que estuviera disponible. Creo que a veces es porque estaba viendo a Edith, pero sospecho que otras veces era porque era un hombre muy celoso de su privacidad y le gustaba tener espacios de soledad, por la muerte prematura de sus padres y porque tendría periodos de intensa creatividad que le mantenían alejado de sus amigos. Es un muy buen retrato de un artista solitario en cuanto a su trabajo.
MF: Desde que el libro se publicó, ¿ha encontrado información nueva que considere que se debería añadir en una nueva edición?
JG: He investigado mucho más en todo tipo de temas. Parte de esta información se ha incluido en un pequeño libro Tolkien Exeter College que cubre de nuevo aquellos años de 1911 a 1915, pero centrados especialmente en una parte que tuve que rechazar en mi libro: su vida de estudiante en Oxford. Volviendo a estudiar ese período me he fijado en el temprano desarrollo de su mitología y creo que he resuelto algunas preguntas clave. Ahora entiendo a qué se refería cuando decía que el lenguaje y la mitología se han desarrollado de forma paralela.
Tolkien se inspiró en el poema anglosajón Beowulf y en otros textos para empezar a escribir sobre héroes. Escribió su poema sobre Eärendil en septiembre de 1914, y poco después escribió su adaptación del Kalevala finés en la historia de Kullervo. Recientemente se reveló que dentro de Kullervo, Tolkien había usado un lenguaje inventado y las palabras de aquel idioma parecen ser claramente quenya. Tolkien empezó a construir el quenya y lo iba añadiendo a la historia, pero no terminaba de encajar bien. Para mí, es obvio que una de las razonespor las que no terminó la historia de Kullervo fue porque se entusiasmó en ese momento con la idea de crear un mundo donde aquel lenguaje que estaba inventando tuviera un hogar.
MF: Sabemos que a Tolkien no le gustaban especialmente los trabajos de los biógrafos. ¿Le influyó esta opinión de Tolkien mientras escribía el libro?
JG: Siempre he tenido en cuenta que la gente diría «no, no estamos interesados en una biografía de Tolkien porque él mismo las rechazaba». Pero cuando observo lo que Tolkien quería decir en realidad, para mí está claro que cambiaba de opinión según el momento de su vida, por ejemplo, cuándo escribía cartas y a quién se las dirigía. Hay algunas personas en las que él parecía confiar más que en otras. Cuando se convirtió en una figura pública se sentía cada vez más incómodo. Cuanto mayor se hacía, más famoso se volvía, y es cuando empiezas a leer aquellas declaraciones, del tipo «las biografías no son la clave para entender el trabajo de la literatura». En otros momentos dice que para explicar cómo inventó la Tierra Media, una autobiografía completa sería la única forma, «y no tengo intención de escribir ninguna», añadía. Así que mi trabajo ha sido, si lo ves así, intentar imitar la autobiografía de Tolkien, aunque es algo que suena terriblemente arrogante.
MF: Por lo tanto, el acercamiento que realizó a su vida lo hizo a través de las personas que le conocían y también con documentos sobre él. Leyendo el libro vemos que ha prestado gran atención a los detalles y que hizo una búsqueda realmente meticulosa. ¿Ha encontrado algo que realmente le emocionara, como las cartas de R.Q. Gilson, por ejemplo?
JG: Hubo momentos conmovedores de todo tipo cuando investigaba para Tolkien y la Guerra Guerra, pero muchos de ellos no tuve ocasión de usarlos. Leí mucho en los archivos de guerra sobre otros oficiales en el batallón de Tolkien, y son historias muy desgarradoras. Hay una que siempre tengo en la memoria. Hay un caso de una carta de unos padres de dos soldados, a los cuales se les ha dicho que su hijo había sido asesinado, y la carta simplemente dice «¿cuál de ellos?» Así que sabían que uno de sus hijos estaba muerto, pero no sabían cuál de ellos… Para mí fue realmente descorazonador.
El momento más emotivo a largo plazo para mí ha sido releer lo que Tolkien escribió, especialmente El Señor de los Anillos,y observarlo desde una nueva perspectiva en la que conozco por lo que él pasó. La relectura del pasaje de la Ciénaga de los Muertos sería un ejemplo de este caso, pero en sí todo el viaje psicológico de Frodo, sobre todo si lo lees a la misma vez que Tolkien y la Gran Guerra… O de hecho con algunas de las memorias y novelas escritas por los soldados de la Primera Guerra Mundial… Hay algunas similitudes increíbles en cuanto a lo que Frodo vio… y puedes ver lo que está pasando por su mente, cómo su alma está sufriendo.
MF: ¿Ha estado en contacto con la familia de Tolkien? ¿Sabe si alguno de sus hijos leyó su libro?
JG: Christopher Tolkien leyó dos versiones del libro. Tuvo que darle su aprobación porque Harper Collins tiene un acuerdo con el Tolkien Estate, por el cual no publican nada que no ha sido previamente aprobado por el Tolkien Estate. Christopher hizo algunas críticas e hice grandes cambios al libro. Inicialmente iba a incluir cinco capítulos que trataban sobre lo que Tolkien escribió tras la Primera Guerra Mundial sobre El Señor de los Anillos y el texto entraba en detalle sobre cómo las experiencias de la guerra afectaron sus escritos, pero lo quité. Así que ahora Tolkien y la Gran Guerratermina con un «Posdata» donde recojo todas mis reflexiones generales sobre cómo las experiencias en la guerra afectaron sus escritos. Me permite escribir una historia más directa y dar mi opinión al final y permite al lector reflexionar sobre el resto. Los capítulos que sacrifiqué se han convertido en conferencias y creo que alguna de ellas puede terminar en otro libro. Ahora estoy trabajando en uno que llamo El Espejo de Tolkien.
MF: ¿Podría darnos un avance, hablarnos un poco sobre su nuevo trabajo?
JG: Esencialmente toma la técnica usada en Tolkien y la Gran Guerra en la medida en que mira lo que Tolkien escribió en el contexto de su vida y los eventos de su tiempo y lo usa para intentar explicar su proceso creativo, intentando entender hasta qué punto su trabajo es una reflexión sobre sus tiempos más que una creación imaginada que no tiene relación con lo que está pasando. No tiene tanto detalle biográfico como Tolkien y la Gran Guerra y cubre el periodo del principio de la Primera Guerra Mundial, así que hablo de nuevo sobre mis descubrimientos sobre los comienzos y creación de su mitología y cómo ocurrió y llega hasta el final de El Señor de los Anillos. También hablo de cómo Edith e Inglaterra están reflejados en la mitología y tienen un papel importante en ella.
MF: Cuando hablamos de la fantasía y la épica, a veces ésta ha sido maltratada por el canon. ¿Qué opina del cambio de tendencia? ¿La fantasía está siendo considerada más en serio en el mundo literario y en las investigaciones en universidades?
JG: Sí, eso es cierto y se ve. Y creo que es algo que seguirá ocurriendo. Hubo una época en el siglo XX en el que la idea de estudiar autores como Charles Dickens o Jane Austen era considerado una pérdida de tiempo porque eran libros que la gente leía por diversión. Creo que algo parecido ha ocurrido con la actitud hacia la fantasía: la gente no se la ha tomado en serio. Creo que algo que ha contribuido en gran medida a dar un gran paso es obviamente Juego de Tronos, que ha alcanzado una enorme audiencia. Y antes que eso, Harry Pottery después quién sabe qué vendrá… Pero desde luego se está ampliando la afición y con el cine también pasa. Gracias al CGI las películas ya pueden producir fantasía y ciencia ficción y lo pueden hacer muy bien. Eso puede ampliar el campo de estudio en el futuro.
MF: Esperemos que en el futuro, gracias a investigaciones como la suya, Tolkien sea más difundido y estudiado.
JG: Sí, es justo donde creo que puedo aportar. Cuando empecé a escribir Tolkien y la Gran Guerra, uno de los motivos era demostrar que ese estudio merecía la pena, que era un trabajo sobre literatura seria, y no sobre escapismo. Ahí es donde estaba el problema para mí. Las películas de El Señor de los Anillos, independientemente de los sentimientos que despierten en los espectadores (y sé que a muchos fans de Tolkien les gustan) son algo que en realidad admiro, pese a que tengo algunas reticencias porque soy un purista de los libros.Pero lo que consiguieron fue abrir esos libros a mucha gente que jamás elegiría una novela de un millar de páginas, y demostraron que el libro es de una profunda seriedad, que cualquiera puede sentirse identificado y es evidente de dónde brota ese sentimiento. Así que mi libro pudo ver la luz porque HarperCollins, la editorial, es consciente de que ahora hay mercado para un libro como el mío, y yo creo que ha cambiado la actitud del público hacia Tolkien. Ahora la gente no lo ve tanto como el viejo profesor con pipa y americana de tweed, sino también como un veterano de guerra que tiene algo importante que contar.
MF: Hemos visto esta tendencia también en España, recientemente hemos tenido un buen puñado de gente que ha defendido Doctorados sobre Tolkien. Uno de los primeros fue Eduardo Segura, el traductor de su libro. ¿Conoce su trabajo y a él?
JG: Lo conocí hace mucho tiempo, antes de que terminara de escribir Tolkien y la Gran Guerra. Él estaba entusiasmado con traducir el libro desde el día en que lo hablamos.
MF: ¿Le suena familiar el tío Curro? ¿Conoce la investigación llevada a cabo por José Manuel Ferrández sobre el padre Francis?
JG: Sí, sí que lo conozco. Me ha dejado leer un borrador de la traducción y es fascinante. Ha cambiado mi perspectiva sobre aspectos muy importantes de la vida de Tolkien. Cuando él pensaba en el padre Francis, lo llamaba «mi segundo padre». Su primer padre murió cuando él tenía cuatro años. Viendo los festejos de la EstelCon y comparándola con la Tolkien Society, estos eventos son muy parecidos, Oxonmoot y la EstelCon. En ambos hay presente tanto el lado académico y el estudio serio como el lado divertido: los trajes, las canciones, las actuaciones, etc. Sólo que yo diría que aquí hay más entusiasmo, o más gente compartiendo ese entusiasmo, de manera que en Oxonmoot hay gente más reservada, o que prefiere pasar desapercibida. Supongo que es el modo británico, es más una cuestión cultural.
MF: Y si pudiera hacerle una pregunta a Tolkien ¿qué le preguntaría?
JG: Pensaría en todas las preguntas que me surgen cuando estoy investigando, ¿leíste esto? ¿Pensaste en ello? ¿Conociste a esta persona? ¿qué querías decir cuando mencionaste esto en esta nota en tengwar? Me gustaría saber del Somme, sobre cómo se sintió, sobre las influencias de Las Raíces de las Montañasde William Morris en las descripciones de Rohan y Eowyn y en los paisajes de las Ciénaga de los muertos, de la Dagorlad, de la batalla. Me gustaría preguntarle a Tolkien “mira ¿a qué te referías con esto?” Y escucharía lo que tuviera que decirme.
MF: ¿Ha visitado físicamente el campo del Somme y los lugares históricos?
JG: Lo he hecho, sí. Escribí el primer borrador y fui al Somme con un amigo y estuvimos paseando alrededor de los lugares dónde Tolkien estuvo involucrado en acciones particulares, ataques militares que fui capaz de localizar, dónde estaba su trinchera, dónde había estado su búnker, dónde debería haber estado situado como Oficial de Señales. Y leí lo que había escrito en mi borrador y comparé con el paisaje a mi alrededor, y pensé que…que lo más útil de aquello era darme cuenta de que cuando los escritores militares de la Primera Guerra Mundial hablaban sobre tener que pelear para salir de aquella terrible colina, ahora es casi imposible imaginar que algo terrible haya ocurrido allí. Aun hoy siguen apareciendo restos de metralla y mientras miraba aquel paisaje me di cuenta que cualquier cuesta, sin importar lo pequeña que fuera, era entonces una ventaja, especialmente si tienes ametralladoras, porque puedes poner las ametralladoras en tal posición que cualquiera que intente avanzar por la cuesta, pareciera que intenta escalar el Everest.
MF: Podríamos estar aquí, hablando con usted, durante siglos, pero por desgracia nos hemos quedado sin tiempo. Hasta ahora ¿ha disfrutado de su estancia con nosotros? ¿Ha disfrutado de la experiencia?
JG: Sí, sí. La fiesta ayer por la noche en el castillo fue como viajar en el tiempo, entre todas esas personas vestidas de gala. Ha sido maravilloso, muchísimas gracias.
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