El mago de las palabras

por Arahael Dúnadan

En apenas 125 páginas que se leen en un suspiro, el autor de El mago de las palabras no sólo desglosa de forma amena las líneas maestras de la vida de Tolkien, sino que también aborda multitud de cuestiones en torno a sus creaciones literarias.

El título de cada capítulo hace referencia a algún sugestivo motivo de la obra tolkieniana. No faltan además hermosas fotos e ilustraciones bien seleccionadas. Especialmente impresionantes son los capítulos dedicados a la infancia, juventud y vejez Ronald. Se habla de su niñez y de la educación recibida, con especial consideración hacia las figuras que modelaron su espíritu: su madre, su tutor y su mujer. Y por supuesto, resalta la importancia de los círculos entrañables de eternas amistades que rodearon siempre su existencia.

Algunos momentos biográficos están hábilmente relacionados con pasajes literarios de las obras de Tolkien, dejándonos una agradable sensación de sentido y concordancia; y también hay lugar para anécdotas curiosas y jugosas revelaciones, tales como el origen de Gandalf y de Tom Bombadil, la importancia de Bárbol, cómo fueron escritos el Hobbit y el Señor de los Anillos, el tono crepuscular y autobiográfico de "Hoja de Niggle" y "El Herrero de Wooton Mayor", etc.

En otro nivel más trascendente, se trata el sentido general de la obra de Tolkien y los sentimientos e inspiración que la motivaron y sostuvieron. Aquí penetramos en la esfera íntima de J.R.R. atisbando algo de sus anhelos, pretensiones e ilusiones, y también de sus sufrimientos y temores.

Hay una sensibilidad subyacente en todo el libro, sutil, que aflora palpable en algunos momentos álgidos de la lectura. Y el espíritu que la impregna, escrita por alguien que entiende y sobre todo que ama la obra de este consagrado genio, me atrevería a decir que es muy tolkieniano.

Un libro de lectura (relectura también) y referencia muy recomendable en suma. Sencillo, profundo, emotivo, brillante. Una pequeña joya. Sólo una cosa se echa de menos: ciento cincuenta páginas más (conservando el mismo tono) hubieran sido justas.