Las cartas de J.R.R. Tolkien

por Helios De Rosario (Imrahil)

Las Cartas de J.R.R. Tolkien, seleccionadas y editadas por Humphrey Carpenter, el biógrafo oficial del Profesor de Oxford (con la colaboración de Christopher Tolkien) son sin duda una obra de referencia indispensable. Resultan ser una biografía epistolar del autor de El Señor de los Anillos, algo que en un principio hace sentirse al lector como un furtivo intruso en sus asuntos personales (más aún sabiendo que Tolkien recelaba de las biografías, pues qué habría dicho entonces de que se publicaran sus cartas), pero poco a poco va aumentando el interés hasta niveles insospechados –aunque para ello el tesón del lector ha de ser grande, pues ha de navegar entre cartas de muy diversos contenidos, que no siempre son el objeto de interés del que las va leyendo–.

Por supuesto, para entender lo que hablan estas cartas hay que conocer previamente los asuntos de los que habla: haber leído El Hobbit y El Señor de los Anillos (El Silmarillion no es estrictamente necesario, pues no se publicó hasta después de su muerte y por lo tanto nunca se da en sus cartas como algo conocido), y en menor medida otras obras suyas publicadas en vida. J.R.R. Tolkien, una biografía, del mismo Carpenter, también es una lectura recomendable previa a estas Cartas, pues están seleccionadas conforme a mucho de lo que se cuenta en ella: muy poco o nada, por cierto, de asuntos especialmente íntimos ni dedicados al curioso que busca las miserias o el morbo de la vida ajena; pero mucho sobre su labor académica, su compleja forma de ver el mundo y, sobre todo, de su maravillosa obra literaria. Así pues, conocer previamente la biografía de Tolkien hace mucho más atractivas cartas que de otra forma serían poco comprensibles; y de hecho las Cartas, que están ordenadas cronológicamente, suponen una forma de biografía mucho más interesante y reveladora que las anécdotas relatadas por Carpenter en su anterior libro: su lectura en orden –una vez conocida la biografía de Tolkien, insisto– muestra en primera persona su vida, las alegrías y las tragedias, así como su forma de pensar, compleja y en algunas cosas cambiante. Además, se ven claramente reflejados muchos aspectos característicos de Tolkien, más allá de lo que el biógrafo puede relatar: su notable afición por escribir cartas y no dejar ninguna si responder –sin la cual este libro no existiría–; el intenso amor por su Inglaterra, su familia y su religión; su fuerte carácter y la especial habilidad que tenía para ridiculizar –a veces incluso pisotear– a quienes le enojaban con interpretaciones indeseadas de su vida y obra, al mismo tiempo que se deshacía en atenciones y favores con quienes mostraban aprecio y afinidad con la misma; y por supuesto la imaginación, el detallismo y la infinita dedicación que volcó en “subcrear” su legendario, sobre el cual hablan las cartas más extensas de esta recopilación.

Pero más que con este interés biográfico, las Cartas suelen ser usadas por los lectores como “libro de consulta” del que tomar citas para resolver incógnitas sobre la Tierra Media (muchas de estas citas provenientes de respuestas a cartas de admiradores, que le preguntaban sobre tales incógnitas), o para dilucidar qué opinaba Tolkien sobre tal tema. La mayor dificultad en esto es que tal información está inevitablemente tan dispersa entre las más de trescientas cincuenta cartas que sería imposible servirse de ella sin asistencia. Por fortuna contamos con dos excelentes índices muy eficaces para tal fin, aunque en ocasiones pueden ser insuficientes.