Este artículo no refleja la opinión de la Sociedad Tolkien Española, la STE no tiene opinión. Se trata de un artículo que una persona asociada a la Sociedad Tolkien Española ha exigido que se publique.
por Pablo J. Ginés
Me gusta hablar de Tolkien y me gusta hablar del fenómeno woke, son dos temas que conozco y he estudiado. Si buscáis en YouTube con las palabras «Pablo Ginés Tolkien» y «Pablo Ginés woke» encontraréis mis vídeos. Si buscáis en Google encontraréis mis artículos.
No me gusta tanto juntar ambos temas. En este artículo, largo y escrito para la web de la Sociedad Tolkien Española (STE), lo hago porque la STE ha publicado en su web una traducción de un artículo titulado ¿Tolkien era woke?, del blog de Michael Martinez, un informático norteamericano que es también veterano ensayista. Martinez ha publicado libros sobre Tolkien y temas de ciencia ficción.
El artículo lo tradujo nuestro amigo Josu Gómez, Eleder (nos conocemos desde 1999). Le pregunté qué le motivó a esa traducción, si algún grupo de personas le animó a ello. Me dijo que no, que, entre otras cosas, le pareció interesante por la evolución de la palabra «woke», su aplicación a Tolkien, sus alusiones al anarquismo (tema que siempre le ha interesado) y que él mismo no estaba de acuerdo con todo el artículo. ***
Nota a pie de artículo a petición del aludido
¿WOKE ES SER UN BUENA PERSONA?
Martinez viene a decir que ser woke es ser buena persona.
Me recuerda a mi suegro ruso, ya fallecido, que alguna vez dijo que ser comunista y ser cristiano es más o menos lo mismo y consiste en ser buena persona.
Mi suegro -militar del Ministerio de Emergencias ruso- estudió algo de comunismo de Moscú, unos cursos, parece que para lograr algún ascenso, más que por convicción. Creo que no sabía mucho de comunismo ni de su historia. Se interesó en el cristianismo ya en el siglo XXI, tras casarse y bautizarse su hija.
Mi suegro era buena persona. No dudo que algunos wokistas y comunistas también pueden tener buenos sentimientos e intenciones. Pero tras estudiar estas ideologías me he convencido de que son muy eficaces en lograr que gente no muy mala haga cosas muy malas. También logra atraer a auténticos monstruos y narcisistas, les da herramientas de poder y subordinados y así daña a las personas y las sociedades.
Vuelvo a Tolkien con un mensaje para los tolkinianos, sean de izquierdas, de derechas, de centro o apolíticos. Mi tesis la expongo ya desde el titular: cuidado, amigos tolkinianos, no podréis salvar a Tolkien de la inquisición woke. No podréis salvarle de la próxima purga woke.
Quizá lo salvéis de esta purga, pero no de la siguiente.
Martinez intenta ser como Gorki y su esposa en la URSS. Ellos intentaban salvar a tal o cual intelectual de la siguiente depuración (gulag o fusilamiento) ordenada desde el Partido Comunista.
Martinez intenta salvar a Tolkien diciendo «es de los nuestros». No podrá. No podréis.
LO QUE TOLKIEN ERA
Tolkien era anti-racista, anti-imperialista, no era machista, no soportaba la ideología nazi. Tampoco soportaba la crueldad pagana aristocrática de La Serpiente Uróboros (1922) de E.R.Eddison, por ejemplo. Tolkien escribió: «Eddison pensaba que lo que yo admiro es blando (usó esa palabra, de completa condena, entendí). Yo pensé que él, corrompido por una filosofía malvada y de hecho tonta, cada vez admiraba más y más la arrogancia y la crueldad». Podría aplicar el mismo párrafo, sospecho, al comunismo.
Si Tolkien amaba el bien, la verdad, la belleza, la justicia, y buscaba virtud y una fuerza paradójica en los pequeños o los olvidados, no es porque fuera woke, sino porque era cristiano. Su visión del mundo, de la familia, de la justicia, era católica y cristiana.
El catolicismo pide ser santo, amar a todos, tratar a todos con justicia (dar a cada uno lo que le corresponde, según Aristóteles), hacer el bien, evitar el mal. Eso no es ser woke. Ser woke es otra cosa.
Por ejemplo, la visión de Tolkien del matrimonio era la del catolicismo: es de hombre con mujer, uno con una, por libre consentimiento, fieles, indisoluble hasta la muerte, abierto a los hijos, y si son cristianos, confiados en la ayuda de Dios, Quien se muestra en la unión entre el esposo y la esposa.
Hay personas, de distintas culturas, ideologías o apetencias, a las que no les gusta alguna u otra de estas características y llaman «matrimonio» a la poligamia, o a las uniones disolubles, o a uniones que activamente evitan ser fecundas, o a uniones sin juramento de fidelidad, o a uniones forzadas, o a uniones de dos personas del mismo sexo -o de más de dos, ¿por qué no?
Pues bien, Tolkien y la doctrina católica piensan que estas uniones no solo no son matrimonio, sino que dañan a las personas y a las sociedades. La Biblia está llena de historias de poligamia, precisamente, para demostrar los desastres que ocasionan esas uniones.
El wokismo puede tener distintas variantes, pero todas ellas odian ferozmente, por ejemplo, la visión católica del matrimonio y la familia. Solo eso ya bastaría para refutar que Tolkien fuera «woke».
No insistiré más en esto porque hay al menos dos buenas respuestas en español al artículo de Martinez, y las recomiendo.
Juan Tomás Widow, de la Asociación Fe, Arte y Mito, hace una ponderada refutación en la web SrBombadil.com, titulada «Tolkien y el wokismo».
Raúl Marín, en su blog La Gloria de Gondor, también aborda el tema de forma interesante y firme en su artículo «Tolkien no era woke, sino católico».
Pero vuelvo al tema que quiero defender: amigos de Tolkien, seamos de izquierdas, de derechas, apolíticos o anarquistas, si amamos a Tolkien y su obra, debemos defenderlo del wokismo.
WOKISMO CONTRA TOLKIEN
El wokismo, por definición, es censurador. Elimina lo que le parece impuro. ¡Y Tolkien, no lo dudéis, no pasará su examen!
Una mujer que sufrió persecución en un régimen comunista europeo se lo explicaba así al periodista Rod Dreher en su libro ‘Vivir sin mentiras’ (sobre resistentes clandestinos en las dictaduras comunistas): «Nunca sabes qué cosa perfectamente normal puede estar prohibida mañana».
El wokismo es, por definición, fanatismo, integrismo y puritanismo. Si sólo fuera «inquietud por lo social», cualquier persona de izquierdas, derechas o centro con inquietud por lo social podríamos llamarle «woke», o simplemente «buena persona», como decía mi suegro ruso. Pero no es así.
Comparo el wokismo con el comunismo, pero no soy el primero. El politólogo turco Umut Özkirimli, ubicado en Barcelona, se considera «de izquierdas y progresista, incluso marxista». Ha sido perseguido por el régimen turco y en Occidente por el feminismo woke. «Defienden cuestiones distintas, pero lo hacen exactamente de la misma manera. […] lo que les une son el sectarismo y el dogmatismo», decía en una entrevista. Lo desarrolla en su libro «Cancelados: Dejar atrás lo woke por una izquierda más progresista» (Paidós, 2023).
«Cuando intento explicar el wokismo a mis antiguos amigos y parientes, les digo que piensen en el estalinismo. Encaja todo. En vez de gulags, tenemos la muerte social, la cancelación. Por supuesto, el viejo estalinismo es peor, pero no muy diferente», dice Özkirimli. Cree que el wokismo es «una distorsión y traición de las políticas de identidad originales, que estaban abiertas a construir coaliciones». Añade que el wokismo es narcisista.
El wokismo es también irracional, va muy ligado a la histeria. La filósofa francesa Stéphanie Roza, historiadora del socialismo, de familia judía izquierdista, en ¿La izquierda contra la Ilustración? (Laetoli, 2023) ve que en el wokismo hay desprecio a la razón, a la Ilustración y sus valores. «La izquierda que rechaza los valores universales y el racionalismo, se está marginando. […] No creo que vayamos a renovar la izquierda rechazándolo todo y cortando la rama en la que estamos sentados», dice en una entrevista.
CANCELAR A UN GIGANTE: EL CASO DE DOSTOYEVSKI
¿Cómo trataría un régimen woke a un autor superventas y muy querido y popular como Tolkien? No puede hacerlo del todo invisible, no puede hacer como si «no hubiera existido». Pero puede esconderlo.
El modelo de cancelación sería el gigantesco escritor Fiódor Dostoyevski en la URSS.
Dostoyevski murió unos 40 años antes de implantarse la Unión Soviética, fue el abuelo de todo el Siglo de Plata ruso (1890-1920), que acaba con el barco de los filósofos, los escritores deportados por Lenin, obligados a salir del país solo con una maleta de ropa, sin dinero ni joyas ni nada. (Los interesados en este episodio pueden buscar mi artículo «¿Qué fue el barco de los filósofos hace cien años? Cultura de la cancelación en versión soviet», en ReligionEnLibertad.com ).
En 2012 pude entrevistar con cierto detalle a Tatiana Kasátkina, que dirigía la comisión de estudios sobre Dostoievsky de la Academia de la Ciencia Rusa, el mayor órgano cultural de este país. Escribí un artículo titulado «Si pedías libros de Dostoievsky en la biblioteca los comunistas te incluían en una lista especial»
En la URSS, al gigante Dostoyevski «siempre lo mantuvieron fuera de las lecturas y estudios escolares. En los últimos años lo mencionaban algo, pero sólo por sus libros sobre pobres y miserables», me explicó Kasátkina. «Si pedías un libro suyo en las bibliotecas, había orden de apuntar tu nombre en una lista especial. Se desaconsejaba activamente su lectura. Hasta 1956 no se volvió a reeditar nada suyo. Y tiene lógica. En 1972 empezaron a reeditarse sus obras completas, que se acabaron en 1990… justo cuando se hundió el comunismo. Creo que no fue una casualidad», señala la académica.
El wokismo puede hacer algo similar con Tolkien, aunque utilizando la inquietante tecnología del siglo XXI.
Imaginad una IA rastreando quién busca «Tolkien» en Intenet y apuntándole en una lista de enemigos de la sociedad woke.
El wokismo divide el mundo en dos bandos, el bien absoluto (nosotros los woke) y el mal absoluto (todos los demás). Y la lista de requisitos para ser woke (y no ser el mal absoluto) no deja de aumentar.
De verdad: Tolkien no pasará la prueba. No te canses, Michael Martinez.
LOS PECADOS WOKE DE TOLKIEN
Tolkien NO puede pasar el cribado woke. Es culpable de mil pecados woke: de ser hombre, de ser blanco (¡nacido en Sudáfrica!), de ser anglosajón, de ser padre de familia, de haberse casado (¡matrimonio indisoluble!), de ser cristiano, de ser católico y, peor aún, de decir que es católico. Para algunos, esto último es lo peor, les parece imperdonable. Pero hay algo peor aún: su catolicismo no es sólo una manía del domingo a la hora de ir a misa, sino que en sus Cartas dijo que su catolicismo puede deducirse de sus libros, que es importante en su obra.
Irán a por Tolkien, y Tolkien no puede defenderse, porque está muerto. También han muerto ya todos sus hijos. Nos corresponde a nosotros, los que amamos su obra (y más aún si admiramos su persona) defenderle del wokismo.
Primero, del wokismo que intentará desfigurarle. Después, del que querrá cancelarlo en su siguiente oleada o purga. Seamos de izquierda, derecha o centro, debemos unirnos en defender a Tolkien.
Decir «Tolkien admiraba el genio femenino y era anti-imperialista» no bastará para protegerlo. Lo repito: el wokismo es insaciable.
WOKISTAS INSACIABLES
El libro Hollywoke, del periodista especializado en cine y TV Christian Toto, recoge montones de ejemplos de que «nunca, nunca serás lo suficientemente woke».
Lena Dunham, actriz de Girls, feminista, woke militante, siempre dispuesta a definirse como víctima, presume de tener sobrepeso (vende tallas XL de marca propia, no baratas, entre 100 y 300 dólares cada prenda). Pero fue acusada de ser blanca, rica, no suficientemente gorda, no usar prendas de colores suficientemente vivos. La ortodoxia woke la expulsó y activó la maquinaria de abucheo, cancelación, denigración, etc…
¿Os gustó El Mandaloriano? A mí sí. A muchos fans de Star Wars nos gustó Gina Carano, luchadora de lucha libre. Pero cuando el Twitter pre-Musk le pidió especificar sus pronombres, escribió unos pitidos como los que hace el robot R2D2. La inquisición woke la acusó de tránsfoba. Como no pidió perdón ni se retractó, Disney la despidió. Incluso la quitó de un programa grabado antes donde estaba de invitada con el aventurero Bear Grylls en Discovery Channel. Los muñecos cabezones de la marca Funko anunciaron que ya no producirían su muñeco de Star Wars. ¡Eso es cultura de la cancelación! Podéis leer docenas de casos más en Hollywoke.
¿Pensáis que diciendo «Tolkien era buen tipo» vais a salvarle de la furia woke?
La filósofa de izquierdas Susan Neiman tiene un libro titulado «Izquierda no es woke». Viene a decir que el wokismo no es izquierda, es otra cosa. El wokismo es, sobre todo, histeria y cultura de la cancelación. Es insaciable, devora a sus hijos, a sus militantes, al pasado. Las feministas woke cargan contra las feministas tradicionales acusándolas de TERF.
El caso más famoso es el de J.K.Rowling, la popular creadora de Harry Potter. Mujer, de izquierdas, feminista, generosa mecenas de ONGs que ayudan a niñas y mujeres en apuros… Pero el feminismo woke-trans lleva años en campaña contra ella, simplemente porque critica los postulados de la ideología trans. Han intentado acallar y humillar de mil formas a Rowling, pero ella es a la vez valiente y rica y puede permitirse plantar cara. También sufrió una época en su juventud en que trataron de acallarla con gritos y amenazas: decidió que no volvería a achantarse.
Rowling es rica, está viva y habla fuerte: aún puede proteger mucho de su legado, del mundo de Harry Potter. Es difícil lanzar películas ambientadas en ese mundo si ella proclamara que son basura. Pero Tolkien está muerto. Podríamos hablar del wokismo en Los Anillos del Poder, una forma de desfigurar su obra, pero la serie tiene muchos otros fallos. Da para un artículo propio.
LA SABIDURÍA DE BÁRBOL
Insisto: para el wokismo, quien no se les somete por completo, es un enemigo y el mal absoluto. Solo ven dos lados.
Pero Tolkien, que era sabio, sabía que hay muchos lados en la vida.
Bárbol lo explicaba así: «No estoy enteramente del lado de nadie porque nadie está enteramente de mi lado, si me entendéis. Nadie cuida de los bosques como yo, hoy, ni siquiera los elfos. Sin embargo, tengo más simpatía por los elfos que por otros. Fueron los elfos quienes nos sacaron de nuestro mutismo y esto fue un gran don que no puede ser olvidado. Y hay algunas cosas, por supuesto, de cuyo lado yo nunca podría estar, esos burárum -se oyó otra vez un gruñido profundo de disgusto- esos orcos y los jefes de los orcos».
Los cristianos -Tolkien entre ellos- a menudo se encuentran rodeados: por un lado están los orcos de Saruman y por otro los orcos de Sauron. A veces los orcos se matan entre ellos y tratan de atraer a los cristianos y a otra gente a sus guerras. También hay otras facciones, que no son orcos pero tampoco necesariamente sabios.
Tolkien tenía su propio bando, muy complejo y antiguo y con árboles de muchos tipos, como los ents, que es el cristianismo. A veces hay que salir del bosque y actuar porque los burárum los destruyen todo, y aliarse con los elfos, «que nos sacaron de nuestro mutismo».
Es en esta cultura de la alianza que pido que todos los admiradores de Tolkien lo protejamos del wokismo.
DIVERSIDAD EN LA RESISTENCIA AL WOKISMO
En la resistencia a la tiranía woke coincidirán grupos que no siempre se han llevado bien: anarquistas, libertarios, gamberros que quieren más libertad para expresarse, conservadores, cristianos, socialistas clásicos, varios tipos de feministas…
Son personas que, ante un wokismo cazador de cabezas que impide todo debate de ideas, que llama algófobo y nazi a cualquiera que no baila a su música, apostarán por la libertad, el debate argumentado, el poder hablar y escuchar.
Es famosa Keri Smith, autora del libro-creativo ‘Destroza este diario’. Declara que fue «una auténtica creyente woke durante gran parte de su vida», pero hoy es muy crítica con todo lo woke desde su programa Unsafe Space, dirigido no a conservadores, sino a «oyentes de mentalidad independiente».
Keri Smith asegura que la mayoría de ejecutivos woke no son «verdaderos creyentes», sino que siguen la moda y corriente. «Si logramos cambiar la cultura lo suficiente para que la ideología woke sea legítimamente ridiculizada y rechazada, estos cobardes a los que toca abrir y cerrar puertas cambiarán lo que buscan y venden», asegura Keri Smith. Pero en la STE sospecho que no tenemos ejecutivos de esos, sino un puñado de «verdaderos creyentes», cultistas de manual.
EL WOKISMO NO PERDONA
El wokismo siempre pide arrepentimiento y disculpas. Pero no cree en el perdón y no sabe, no puede, dar absoluciones. Es, como el comunismo, un hijo mutilado y alocado del cristianismo, una herejía postcristiana y muy dañina, sin espacio para el perdón y construido sobre el odio al pasado y sobre la lucha (de clases, de sexos, de razas, de edades, de lo que sea…)
En 2021, en un congreso sobre cultura de la cancelación y corrección política, entrevisté al erudito historiador francés Rémi Brague. Con el wokismo, dijo «tenemos mil confesiones, pero sin que haya nunca absolución… y sin eso no hay capacidad de empezar una nueva vida».
Quien cede al wokismo y reconoce sus «culpas» se convierte en un muladí, en un converso recién llegado, el de la más baja casta en el nuevo régimen, el menos fiable. Debe una y otra vez demostrar su fidelidad al wokismo, tarea imposible. Lo intentará denunciando a sus hermanos, amigos, sus antepasados, etc… Denunciar a los demás, buscar enemigos para evitar ser tú el denunciado, es la lógica woke, la lógica de la purga y de la caza de brujas. Nada es bastante.
Buscas una doncella para que se la coma el dragón y se quede tranquilo y no ataque a la ciudad. No funcionará: pedirá más doncellas. Necesitas un San Jorge, la virtud de la verdad y el coraje, para matar a la bestia.
En el Libro de Eclesiástico, capítulo 26, leemos un clásico: «Tres cosas me dan miedo, y una cuarta me espanta: la calumnia que va por la ciudad, un motín popular y la falsa acusación. Las tres son peores que la muerte».
La cultura woke es eso: un mix organizado de falsa acusación, calumnia y, sobre todo, motín popular. O, mejor dicho, motín que parezca popular. Los que gritaban a Pilatos «crucifícale, crucifícale» no eran realmente una expresión popular: eran activistas, probablemente a sueldo de sus jefes. Eso es la táctica woke.
LA STE Y EL DEBATE SOBRE WOKISMO
No me hubiera parecido mal un debate en una mereth o una Estelcon sobre «Tolkien y el wokismo», con cinco contertulios de distintas tendencias, igual que se podría hacer un debate sobre otras ideologías políticas: «Tolkien y el comunismo», «Tolkien y el anarquismo», «Tolkien y el distributismo». El mejor formato en la STE para tratar esto, creo, es el debate plural.
No me parece buen formato simplemente publicar un artículo que, básicamente, es propaganda woke, que viene a decir que el wokismo es ser buena persona. La STE, que es una asociación apolítica, debe dar voz también a los que decimos que no, que el wokismo es una nefasta ideología. ¿Queremos llenar la web de la STE de artículos a favor o encontra del wokismo?
Insisto en que está muy bien recordar que Tolkien no era racista ni machista.
Llevo desde 1991 en la STE, y más o menos en esa época, con 17 y 18 años, ya tenía que defender a Tolkien de las acusaciones de racismo o sexismo. Si repasamos ejemplares de ESTEL de los años 90 creo que encontraremos algunos artículos míos sobre el asunto. En la Hispacon de 1991 en Barcelona Terry Pratchett hacía comentarios medio en broma medio en serio sobre que Gandalf era un viejo bastante tonto. ¿Hoy lo llamarían algunos edadismo, discriminar por edad? ¿O era Tolkien el edadista? ¡Eso fue el mismo año que se puso de moda en Inglaterra hablar de los «políticamente correcto»!
El caso es que tuvimos que responder a algunas de las acusaciones de Pratchett, José Manuel Ferrández desde la mesa, yo desde el público. Pero era un debate distendido, no era la chaladura woke canceladora de nuestra época.
EL WOKISMO EN LA STE: UN CASO PRÁCTICO
No quiero hacer un análisis detallado de todos los elementos woke que se han ido infiltrando en la STE. Entre los más de mil socios de la STE, los hay de todo tipo de posturas ideológicas. La STE más o menos ha sabido gestionar esa pluralidad de sus socios y mantener cierta armonía.
Los wokistas en la STE no son muchos, quizá unos 50, pero están bastante coordinados entre sí (supongo que con algunas purgas internas de vez en cuando, bolcheviques contra mencheviques, etc…) y han conseguido algunos éxitos, como el absurdo lenguaje wokés, que no es neutral en absoluto, sino ideológico.
El lenguaje wokés, con su femenino genérico artificioso y sus construcciones retorcidas («personas socias», etc…) es importantísimo para los activistas woke, un sacramento casi sagrado de su pseudorreligión. Cuando alguien se lo cuestiona, reaccionan según el manual woke, pidiendo el linchamiento social de expulsión, abucheo público, etc…
En la STE ya se han vivido casos de manual de activismo woke. Yo fui víctima de uno de ellos (fracasado). Fue por escrito y en público y cualquiera lo puede repasar. Vamos a recordarlo porque tiene todos sus elementos arquetípicos. Pasó el 7 de octubre de 2022 en una lista de la STE.
ANUNCIO DE LA STE: Desde la exposición fan de la «Tierra del anillo» que se organiza en el Poble Espanyol en Barcelona, nos han enviado un código de descuento para la compra online entradas para todas aquellas socias [con a, nota de P.J.Ginés] que quieran asistir.
AZAGHÂL: ¿Los socios varones también pueden asistir a ese evento?
MUJER ACTIVISTA WOKE: Igual que llevamos asistiendo todas a los eventos en los que llevan décadas excluyéndonos. Deja de provocar y contaminar las listas.
AZAGHÂL: Es que el texto dice «todas aquellas socias»… ¿cómo sabemos que los socios varones pueden? Induce a confusión. Parece un evento de joyería femenina.
MUJER ACTIVISTA WOKE: Me gustaría preguntar, y que sea una respuesta pública, sobre las medidas que se van a tomar en relación a Pablo Ginés «Azaghal» que ya hace unas semanas hizo un comentario tránsfobo y hoy nos encontramos con uno de este calibre. ¿Cuánto tiempo más vamos a tener que seguir soportando estos mensajes de odio, que poco tienen que ver con Tolkien y que lo único que buscan es generar conflicto? Las listas deberían ser un lugar seguro.
AZAGHÂL: X, lo de «mensajes de odio» es delito: si me acusas de cometer un delito yo te puedo denunciar por calumnias, a menos que puedas demostrar que se ha cometido tal delito, y la STE puede meterse en líos si difunde calumnias… Son temas de libertad de expresión de la que los periodistas sabemos bastante y solemos ganar en juicios. Así que, ¿por qué no lo dejas en «no estoy de acuerdo con él y me chincha» y pasas del rollo de acusar de delitos? Si ves algún delito vete a la Policía y yo iré a mis abogados y deja en paz a la STE y sus listas.
Este rifirrafe que hemos expuesto cumple todas las condiciones del activismo e ideología woke:
– en vez de hablar español normal, el woke habla el ideologizado español de género, el confuso «femenino genérico» que usan los partidos de extrema izquierda española y otros aún más a la izquierda; es similar a la obligación de llamar a todos «ciudadano» o «camarada» si no querías ser represaliado en el Terror revolucionario francés o soviético;
– el woke acusa de «mensajes de odio», «fobia» e impedir que haya un «lugar seguro» (concepto más que dudoso) a cualquiera que le cuestione; en este caso, yo cuestionaba la eficacia del torpe, confuso y antilingüístico femenino genérico y se cargó contra mí con toda la artillería;
– ante la muchedumbre, muy en público, el woke llama a algún de tipo de castigo público y ejemplarizante, lo que viene a ser un linchamiento online; antes de Internet sólo existía el escrache con carteles en la calle, pero las cosas online llegan a más gente y asustan más al público; el woke quiere amedrentar; normalmente tiene una docena de amigos wokes a mano que responden gritando «crucifícale», intentando fingir que son una reacción «popular»;
– cuando se pide al woke que si ve delito acuda a tribunales REALES, el woke se achanta; el wokismo busca siempre implantarse a través de entidades intermedias, para-legales, como Colegios Profesionales, o asociaciones (como la STE, donde intenta medrar). Así puede asustar o amenazar o acosar a esos comités (que no son jueces reales, ni abogados) hasta que salga la pseudosentencia que le exigen.
El wokista evita ir a juicios de verdad y leyes de verdad, sobre todo en temas de libertad de expresión, porque en España la ley permite mucha libertad de expresión. Tampoco quiere el wokista reconciliaciones entre personas, odia la cultura bíblica del «si tienes algo contra tu hermano, intenta antes arreglarlo con él o con un par de testigos»; no le basta llevar un caso para que lo examine un tribunal con discreción; quiere el linchamiento público y ejemplarizante de una víctima ante muchos, en la picota (como se vivió en la asamblea de la STE de ese mismo año de 2022 en Salamanca, si no me equivoco de fecha).
CÓMO RESPONDER AL WOKISMO
Ante el wokismo, la gente que ame la libertad y la sensatez, sea uno de izquierdas, de derechas, de centro o anarquista, tiene que responder siempre con valentía y sin achantarse.
1- Como en el Cuento del Traje Nuevo del Emperador, quien ame la verdad y la libertad ha de decir «el Emperador va desnudo» y reírse como Tulkas o Bombadil de la pomposa vacuidad woke, para no caer bajo su hechizo anulador; ¡di de verdad lo que piensas que es verdadero y mantente en ello!
2- Repito el ejemplo de San Jorge con el dragón, ¡no puedes alimentar al dragón dándole doncellas! Si le das una o dos, pedirá más y más. Hay que denunciar su barbarie y acabar con sus prácticas dañinas. Eso implica acabar con sus trucos de linchamientos, acusaciones exageradas, histeria moral, etc… y reconducir las cosas a un debate de ideas razonable y libre, en un foro adecuado.
Keri Smith, la ex-woke autora de ‘Destroza este diario’, dijo de los activistas woke: «Estas personas son desgraciadas y quieren que todos los demás sean tan desgraciados como ellas. Así que una de las cosas que puedes hacer para contrarrestarlos es simplemente estar contento. […] Usa el humor. Monta un jardín. Empieza a tejer. Forma una familia. Educa a tus hijos en casa. Publica tus poemas. Entabla una conversación con alguien aunque no esté de acuerdo contigo, aunque tengas miedo. Y hazlo con amor».
Muchas de estas cosas que dice Keri ¡son muy tolkinianas!
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El autor de este artículo, Pablo J. Ginés, «Azaghâl», es socio de la STE desde 1991, uno de los fundadores de la delegación de la STE en Barcelona, segundo presidente de la STE, articulista frecuente en ESTEL, y uno de los introductores de las canciones tolkinianas, juegos de rol en vivo y lecturas en la STE en los años 90. También es periodista especializado en sociedad, cultura y religión.
Nota por alusiones: "Josu Gómez nos indica que no era consciente de que una conversación personal suya iba a ser usada sin contexto en un artículo con el que en modo alguno quiere verse asociado, y quiere hacerlo saber."